(Información remitida por la entidad que la firma:)
En 2020, en plena pandemia, Harvey Ferrer recorría más de 100 kilómetros diarios en bicicleta para repartir comida en Australia. Jornadas de más de 14 horas, ingresos que algunos días apenas alcanzaban para cubrir lo básico y una rutina marcada por la incertidumbre. Hoy, con 24 años, el emprendedor nacido en Pamplona ha construido un ecosistema empresarial cuya facturación acumulada supera las ocho cifras, según datos facilitados por su entorno profesional.
El contraste —de la supervivencia logística al crecimiento estructurado— resume el patrón que repiten quienes han trabajado con él: ejecución constante, aprendizaje rápido y obsesión por convertir el caos en sistema. Ferrer se mueve entre tres piezas que, en su caso, se alimentan entre sí: comunidad, tecnología y operación.
Según cifras aportadas por su equipo, uno de sus hitos más visibles es Motivarte365, una comunidad digital que supera los 7 millones de seguidores. En paralelo, desarrolló Zyymo, un software en formato SaaS que llegó a reunir a más de 200 referentes e influencers del ámbito empresarial y alcanzó una facturación de cientos de miles de dólares. A ello se suma la gestión de equipos de más de 100 personas, una dimensión que suele marcar el paso del emprendimiento individual a estructuras empresariales complejas.
Una biografía sin manual
Ferrer nació en Pamplona (2001) y se trasladó a Madrid siendo niño tras la muerte de su madre por suicidio cuando él tenía seis años. Su entorno familiar —explican quienes lo conocen— funcionó como un marco de estabilidad y disciplina. Su abuelo paterno, general del Ejército del Aire, influyó en una educación basada en responsabilidad, constancia y sentido del deber; su abuela aportó cuidado y estructura cotidiana; y su núcleo cercano reforzó una idea práctica: seguir avanzando incluso cuando las condiciones no acompañan.
En el plano escolar, su trayectoria fue irregular. Ferrer ha descrito una adolescencia con dificultades de integración y un rendimiento académico desigual. En su entorno recuerdan que durante años fue visto como un perfil que “no encajaba” en los modelos tradicionales. Esa lectura, sin embargo, contrastaba con lo que ocurría fuera del aula: Ferrer estaba aprendiendo en espacios digitales donde el liderazgo y la coordinación pesan más que el currículo.
El primer laboratorio: comunidades online
A los 14 años, ya gestionaba servidores del videojuego Minecraft con miles de usuarios. Mientras otros se enfocaban en la programación, él se ocupaba de organizar comunidades, moderar conflictos y sostener reglas para que el sistema no colapsara. Ese aprendizaje temprano —operación diaria, gestión de comunidades y toma de decisiones en entornos complejos— sería transferible a su carrera posterior.
En esa etapa conoció Bitcoin a través de foros en internet. Según su entorno, lo interpretó menos como un activo especulativo y más como una idea de infraestructura: una manera distinta de entender cómo se crea y se mueve el valor. A la vez, la falta de recursos económicos fortaleció una mentalidad autodidacta orientada a resolver: aprender a reparar dispositivos, fabricar lo que no podía comprar o buscar soluciones donde no había margen. Ferrer vincula esa inclinación a una influencia familiar concreta: su abuelo materno, Paco, inventor industrial centrado en optimizar procesos y maquinaria.
Ecommerce, marketing y validación
El salto a mercado llegó con 16 años, cuando se adentró en eCommerce y marketing digital. Tras varios intentos fallidos de monetización online, comenzó a obtener resultados con campañas pequeñas basadas en un patrón simple: invertir poco, medir, iterar y escalar. Ese ciclo —prueba, error y mejora— se convirtió, según su equipo, en la base de su forma de operar.
Con 18 años, tomó una decisión poco habitual: marcharse solo a Australia para mejorar su inglés y ganar perspectiva antes de elegir un camino definitivo. Lo que debía ser un paréntesis se convirtió en una prueba extrema con la pandemia de 2020. Perdió su trabajo, cerró su negocio online y quedó sin recursos. Su entorno relata que trabajó como repartidor en bicicleta en jornadas prolongadas y llegó a incluso pedir comida en la Iglesia para poder subsistir.
La escena, fácil de dramatizar, dejó un aprendizaje más estructural que emocional, según quienes lo conocen: comenzó a levantarse a las 5:30 de la mañana y a integrar rutinas estrictas, lectura, formaciones y trabajo duro. Cuando el contexto se estabilizó, pagó deudas y regresó a España con una decisión tomada: no cursar estudios universitarios y apostar por el emprendimiento como vía principal.
Formación intensiva y resultados medibles
Tras su vuelta, profundizó en mercados financieros e inversiones y posteriormente volvió a centrarse en tecnología, comunidad y crecimiento. También completó formación en el Instituto de Innovación Israelí y consolidó una disciplina autodidacta que, según su propio registro, supera los 300 libros leídos. Su equipo sostiene que esa combinación —formación intensa y ejecución— es el patrón que explica la continuidad de sus resultados.
En el apartado de métricas, además de Motivarte365 (más de 7 millones de seguidores) y Zyymo (más de 200 referentes y cientos de miles de dólares en facturación), Ferrer es socio de la empresaria Marta Marcilla, incluida por Forbes entre las 100 mujeres más influyentes. Ferrer lideró el diseño y la ejecución de la estructura de crecimiento digital de la marca, que superó los 350.000 seguidores.
Proyección hacia Estados Unidos
Su actividad se orienta al mercado estadounidense y mantiene vínculos crecientes con el ecosistema empresarial del sur de Florida, con Miami como uno de los polos de referencia de su proyección. Su entorno profesional destaca una forma de operar poco común para su edad: visión a largo plazo, tolerancia a la complejidad y capacidad para convertir fallos en procesos. Ferrer ha enmarcado su desempeño dentro de un perfil de altas capacidades, aunque quienes trabajan con él subrayan un factor decisivo: consistencia en la ejecución.
En un contexto en el que la economía digital convierte comunidades en empresas y atención en producto, el caso de Ferrer ilustra una tendencia en expansión: la construcción de estructuras escalables a partir de aprendizaje acelerado y métricas verificables. La historia, más que una narración de éxito, funciona como una señal: cuando el talento encuentra un entorno que mide resultados —y no trayectorias estándar—, puede transformarse en organización. Y, a partir de ahí, en impacto.
DATOS PÚBLICOS:
(Información remitida por la empresa firmante)
IMAGEN: Harvey Ferrer
PIE DE FOTO: Harvey Ferrer; De Pedalear 100km repartiendo comida a levantar un ecosistema de 8 cifras
Contacto Emisor: Harvey Ferrer Contacto: Harvey Ferrer Número de contacto: +1 786 694 6150
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