OLIVA DE PLASENCIA (CÁCERES), 14/08/2022.- La actriz María Garralón (5i), durante un momento de la representación de "Las Suplicantes" anoche en las ruinas romanas de Cáparra, en el marco de la extensión cacereña del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. EFE/ Jero Morales

«Las Suplicantes» y su grito de igualdad, todavía vigente, retumba en Cáparra

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El grito de igualdad, libertad y dignidad de «Las Suplicantes» para exigir asilo político, derecho a decidir sobre sus cuerpos y respeto por las despedidas de los seres queridos retumbó esta noche de sábado entre las ruinas romanas de Cáparra.

Tercera cita de la extensión cacereña del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, se trata de una versión libre de Silvia Zarco sobre las piezas homónimas de Esquilo y Eurípides, con sello extremeño, creada por mujeres y de temática claramente femenina, que tiene absoluta vigencia.

Lucha de mujeres

Y es que «Las Suplicantes», dirigida por Eva Romero, es una lucha de mujeres que exigen la libertad para ser dueñas de su destino y de hombres sensibles que les acompañan.

OLIVA DE PLASENCIA (CÁCERES), 14/08/2022.- Las actrices María Garralón (d), Nuria Cuadrado (c), y Maite Vallecillo durante un momento de la representación de "Las Suplicantes" anoche en las ruinas romanas de Cáparra, en el marco de la extensión cacereña del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. EFE/ Jero Morales

Una representación ejemplarizante por cuanto las jóvenes Danaides, guiadas por su padre y escapando de una boda forzada con sus primos, hallan asilo y cobijo en el pueblo griego de Argos, que apoya su justa causa.

El único delito por el que huyen de Egipto estas «mujeres de carne invisible» es el de ser mujer, ya que por ello, se ven obligadas a contraer matrimonio con sus 50 primos, quienes las persiguen hasta la costa de Argos, y donde ellas han pedido a su rey que las proteja de estas «serpientes».

Finalmente ellos se marchan persuadidos por las palabras de «un rey sensible, humilde que defiende la libertad de las mujeres», es por ello que el pueblo de Argos decide así concederles «el derecho humano de asilo».

 

El dolor de estas madres

Sin embargo, pronto llegará una guerra y el dolor se multiplica cuando el vencedor se niega a devolver los cuerpos de los vencidos.

Y es que debido a esa guerra inútil que enfrenta a las ciudades de Argos y Tebas, y en la cual el rey de Argos pierde a sus mejores soldados, un grupo de madres viaja a Atenas con ramas de olivo en la mano izquierda para suplicarle al rey Teseo, que intermedie en el conflicto para que el rey de Tebas las deje enterrar los cuerpos de sus hijos.

Estas mujeres sufridoras se tendrán que enfrentar «a la cadena perpetua de ya no ser madres», aún así, anhelan con toda su alma poder cubrir el pecho de sus hijos con «un puñado de tierra», y quizás darles «un último beso».

Las madres finalmente consiguen dar una sepultura digna a sus hijos, a los que cubren con sus mantos negros y sus lágrimas.

El desgarrador dolor de estas madres ha sido expresado mediante la potente voz de la cantaora Celia Romero, que ha cubierto con su manto las ruinas romanas de Cáparra.

La obra está coproducida por el Festival de Mérida y por la distribuidora y productora de teatro Maribel Mesón, que ha llevado hasta Cáparra un proyecto que no tiene nada que envidiar a una gran producción nacional.

La compañía la forman una treintena de actores, entre los que destaca la veteranía de María Garralón, que da vida a la corifeo de las madres, con la participación del Coro Amadeus-IN de Puebla de la Calzada.

Cáparra acogerá este domingo la cuarta y última propuesta en el marco del 68º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Así, cerrará el ciclo cacereño el espectáculo «Los Dioses y Dios», una reflexión libre a partir de «Anfitrión», de Plauto, dirigida y protagonizada por Rafael Álvarez «El Brujo». EFE

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OLIVA DE PLASENCIA (CÁCERES), 14/08/2022.- Momento de la representación de "Las Suplicantes" anoche en las ruinas romanas de Cáparra, en el marco de la extensión cacereña del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. EFE/ Jero Morales