La multinacional Nestlé ha anunciado una inversión de casi 5,5 millones de euros en su fábrica situada en La Penilla de Cayón (Cantabria), con el objetivo de automatizar el sistema de envasado para reducir el uso plástico.
En concreto, según el comunicado emitido, la factoría ya ha comenzado a fabricar los nuevos envasases de sus tabletas de chocolate sin el plástico que las envuelve y lo ha sustituido por una pegatina lateral de papel.
Las obras de automatización, que se iniciaron a finales de 2024 y finalizaron en abril de este año, también han supuesto la renovación y optimización de las líneas de envasado a nivel general, lo que les ha permitido disminuir el uso de plástico virgen en 44 toneladas, en comparación con las cifras del ejercicio del año anterior.
Un sistema de envasado alineado con la sostenibilidad
La directora de la fábrica de Nestlé en La Penilla de Cayón, Diana del Campo, ha considerado esta nueva inversión como un refuerzo del compromiso de la compañía en materia de sostenibilidad e innovación.
“La transición hacia ‘multipacks’ sin plástico para las tabletas de chocolate no solo representa un avance significativo en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también responde a la creciente demanda de los consumidores por productos más sostenibles”, ha añadido Del Campo en la nota de prensa.
Además, ha asegurado que la elección de materiales como el papel es “un paso importante hacia un futuro más responsable” que, al mismo tiempo, mejora la eficiencia de los procesos productivos. Esta medida afecta también a otras tabletas de chocolate que se exportan a países como Francia o Grecia.
Presencia de Nestlé en Cantabria
La fábrica de Nestlé en La Penilla de Cayón fue la primera de la compañía en España, instalada en 1905, y, en la actualidad, emplea alrededor de 900 personas con un volumen global de fabricación de unas 86.000 toneladas en 2024, el 48 % de su producción anual se exporta a Europa.
Entre las medidas medioambientales que han aplicado se encuentran circuitos cerrados con torres de refrigeración, que han registrado en el último lustro una reducción en el uso de agua de un 41 %, y un sistema de bomba de calor que aprovecha la energía residual procedente de la planta de producción de frío de la factoría para calentar el agua que se utiliza tanto en los procesos productivos como en la climatización. EFE