Un ejemplar de calderón común (globicephala melas). EFE/Archivo

«Big data» para preservar a los cetáceos expuestos al avistamiento turístico

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Investigadores canarios han desarrollado un método que combina sistemas de identificación automática de la navegación y «big data» para evaluar, de forma casi instantánea, la actividad de los barcos dedicados al avistamiento de cetáceos, y así poder tomar las medidas necesarias para preservar a los animales.

El estudio, denominado «Usando los sistemas de identificación automática (AIS) para estimar el esfuerzo en la observación de ballenas», ha sido publicado en la revista «Frontiers in marine science».

Los autores de la investigación son Javier Almunia, director del Loro Parque Fundación; Patricia del Ponti, de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad de La Laguna, y Fernando Rosa, del Laboratorio de Bioacústica Física y multi Sensores Distribuidos del Departamento de Ingeniería Industrial del mismo centro docente.

En una entrevista a EFE Javier Almunia, que es doctor en Ciencias del Mar, expone que la idea de la investigación surgió ante una cuestión «muy candente»: la de determinar la capacidad máxima de carga, en este caso en el avistamiento de cetáceos, para que no afecte a la población de los animales, un asunto esencial en todo el mundo y, en concreto, para la colonia de calderones tropicales, delfines y ballenas del sur de Tenerife.

Análisis de los barcos

Los investigadores se percataron de que muchos barcos dedicados a esta actividad ya tienen instalado el dispositivo AIS, que indica el rumbo, la posición y la velocidad por radio o satélite, y esa información se archiva posteriormente por parte de empresas de gestión de datos.

A su vez se utilizó el sistema europeo de batimetría para determinar la profundidad a la que los barcos realizan su actividad, pues en zonas como los puertos de Los Cristianos y Puerto Colón a entre 5 y 7 kilómetros de la costa ya hay fondos submarinos de 800-1.000 metros de profundidad. Estos son los preferidos por los calderones, básicamente porque tienen mayor facilidad para encontrar alimento.

Por el contrario, en otras zonas del planeta es preciso navegar casi dos horas antes de llegar a aguas habitadas por cetáceos y el hecho de que en Tenerife los animales estén tan cerca de la costa implica que las embarcaciones pueden hacer dos o tres excursiones diarias, lo que aumenta la presión sobre los animales.

Para el estudio se analizaron datos de barcos de avistamiento durante los últimos 5 años -casi diez embarcaciones-. Se ha demostrado que es posible identificar los avistamientos de manera automática, y por lo tanto se puede estimar casi en tiempo real la cantidad de tiempo en la que los animales están expuestos a esta actividad, que es el doble en verano que en invierno.

«Es una herramienta de medición del esfuerzo, es decir de la intensidad de una actividad y que se puede utilizar para verificar la capacidad de carga de forma segura, de decidir dónde está el límite para la sostenibilidad», subraya Javier Almunia.

Efectos en los animales

Puede además servir para futuros estudios del estrés y de comportamiento negativo que pueden sufrir los animales debido a esta actividad turística. Desde hace unos 20 años hay estudios científicos que demuestran que el avistamiento no es absolutamente inocuo para ellos y cuando hay demasiados barcos, ruido y excursiones se detectan efectos adversos.

Este método puede ser una herramienta «extraordinaria» en el futuro para constatar que las embarcaciones cumplen las normas, no se extralimitan en el tiempo de avistamiento, respetan las zonas delimitadas para ello e incluso permitirá detectar situaciones de intrusismo en la actividad.

«Va a ser una herramienta muy eficaz para medir la intensidad del avistamiento y adoptar las medidas necesarias para que sea una actividad compatible con la sostenibilidad de la población de cetáceos del sur de Tenerife, muy poco habitual en el mundo y un patrimonio que hay que preservar para las generaciones futuras», puntualiza el director de Loro Parque Fundación.

El estudio está financiado con fondos europeos al formar parte del proyecto INTERREG MARCET II. EFE

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