Un cámara toma imágenes de dos obras de la artista textil sueca Charlotte Johannesson durante la presentación de "Lévame a otro mundo", la primera monográfica en España de la artista textil, este martes, en el Museo Reina Sofía de Madrid. EFE/Victor Lerena

Charlotte Johannesson despliega su mundo propio en el Reina Sofía

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Charlotte Johannesson conjuga técnicas textiles tradicionales, diseño gráfico y crítica contracultural y, casi a sus 80 años, han conseguido el reconocimiento internacional. El Museo Reina Sofía abre una ventana a su trabajo con “Llévame a otro mundo”, su primera exposición en España.

Johannesson desarrolla su carrera entre los sesenta y los ochenta en Suecia. Al principio usaba las técnicas de tejido tradicional para lanzar mensajes en sintonía con la disidencia social y cultural de la época, pero luego entra en contacto con los primeros ordenadores de Apple y se centra en hacer obras gráficas, aunque siempre con un pie en los telares.

Tapices, impresiones y obras digitales disponibles hasta el 16 de agosto

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) reúne 150 obras, entre tapices, impresiones y obras de diverso formato, que muestran el recorrido de toda una pionera de su época y cuyo legado permanecía en la sombra hasta hace unos años.

“Llevame a otro mundo” estará abierta hasta el 16 de agosto y es toda una ventana al legado de una artista que se posicionó en el epicentro de la disidencia social y cultural de su época: la contracultura de la década de 1960, el feminismo o el punk.

“Es una artista desconocida, pero en parte voluntariamente, siempre estuvo fuera del sistema del mundo del arte”, ha explicado Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. Su universo creativo, en plena efervescencia de los setenta a los ochenta, no comulgaba con las modas del momento y por eso su nombre nunca tuvo el reconocimiento que se mereció.

Autodidacta y comprometida socialmente

Johannesson, autodidacta, comenzó usando el telar para plasmar sus críticas contra la política sueca o denunciar la falta de derechos de las mujeres. El tejido era su “manera de estar en el mundo, de cuestionar”, según palabras del director del Reina.

En los reunidos por el museo -algunos hecho con ramas de cannabis- se puede leer “Chile eco en el coco”, que expresa su consternación ante el golpe de Estado de Chile en 1973 o “No Choice amongst Stinking Fish” (No hay elección entre pescado maloliente), una obra creada con motivo de las elecciones generales suecas.

En los ochenta, viaja a California y entra en contacto con la contracultura de la época, entre ellos los fundadores de Apple y compra un ordenador, el Apple II Plus. Se da cuenta de que, aunque no tiene un programa de diseño específico, puede dibujar con él usando símbolos y líneas, y decide trasladar parte de su trabajo textil al ordenador.

La composición en el telar favoreció la evolución de su trabajo hacia el campo digital, porque las dos técnicas se valen de la programación mediante un código binario. El número de pixeles de las primitivas pantallas (280×192) era además, el mismo que el del telar vertical.

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“Faces of the 1980s”

Entre su obra gráfica digital destaca la serie “Faces of the 1980s” (Caras de los ochenta), con retratos de Boy George, Ronald Reagan o David Bowie; hechos con símbolos e impresos en color.

Entre medias, fundó un centro de arte autogestionado la Galería Cannabis en sus primeros años, y luego Digitalteatern (entre 1981-1985), un taller experimental pionero en la producción de imágenes por ordenador.

La falta de interés por su obra y el hecho de que la siguiente generación de ordenadores de Apple tuviera una interfaz gráfica cerrada le impidió seguir explorando su creatividad, e hizo que Johannesson decidiera abandonar su actividad artística.

Carrera prolífica

En los 2000, su trabajo es redescubierto por artistas más jóvenes, y eso hace que poco a poco su legado cobre un nuevo sentido, justo ahora cuando hay un resurgir de las técnicas textiles y del arte digital y en 2016 su trabajo forma parte de la Bienal de Sao Paolo, lo que aumenta su prestigio internacional.

Hasta ahora, que ha vuelto a trabajar y a sus 77 años está “superactiva”, según dice el director. La artista no ha podido viajar a España por la pandemia, pero sigue en la línea con sus primeras décadas de trabajo, involucrada en la gestión de espacios autogestionados y muy crítica con el establishment político.