‘Las 9 musas’ ha planteado una revisita a la mitología clásica para abordar la crisis de inspiración, pensamiento crítico e identidad de la sociedad contemporánea con una visión feminista y una ridiculización política a través de las hijas de Zeus.
El texto de Xènia Reguant ha recreado la trama, con una escenografía de corte postdramático y futurista, dentro de una sátira dinámica sobre la evolución de la humanidad, desde la tiranía inicial del dios del rayo hasta la sumisión actual ante la tecnología y la desinformación.
Estas nueve musas -cada una asociada a una disciplina necesaria para la vida- se han convertido en portavoces del caos del presente para exponer cómo el abuso de la razón, el consumismo y la pasividad del espectador han degradado el valor de las artes, y plantear una reflexión sobre el papel de la cultura frente a las contradicciones morales del mundo moderno.
Mediante el contraste entre el drama y la comedia, el montaje ha despiezado los diferentes aspectos de la vida para entender aquello en lo que ellas nos “inspiran” y luchar contra los efectos de una sociedad que ha olvidado para qué servían esas musas.
Arte y razón frente al ruido del mundo
El escenario se ha convertido en un reflejo punzante del presente en el que las 9 musas han bajado a la Tierra no para ser adoradas, sino para enmendar un error del pasado al estar preocupadas por un fenómeno desgarradoramente actual: una humanidad sumergida en el caos, la apatía y la saturación de información.
Entre melodías, Calíope, interpretada por Andrea Guash, musa de la poesía épica y la elocuencia, ha tomado la palabra para recordar la verdadera cuestión del discurso: “la retórica es un arte para haceros meditar, discutir y pensar, para que no os creáis tantos bulos y que no os puedan manipular”.
Con estos versos, la obra ha lanzado una de sus principales premisas, el lenguaje y el pensamiento crítico son las primeras herramientas de defensa que hemos olvidado en un contexto en el que puede servir como un escudo frente a la desinformación y las fake news que sofocan el debate público.
A lo largo del montaje, cada musa aporta su propia visión del conflicto humano, mientras que Clío, musa de la historia e interpretada por Carmen Conesa, recuerda el valor de la razón y la verdad; Urania, la musa de la astronomía, que encarna María Pascual, advierte sobre los peligros de una tecnología que amenaza con decidir nuestro futuro.
Todo esto transcurre en un constante pulso entre la comedia y la tragedia, Talía y Melpómene, Angy Fernández y Noemí Gallego, con el objetivo de demostrar que la risa y el llanto son vehículos de sanación igual de válidos.
La memoria viva frente al olvido
De igual manera, el montaje ataca de lleno la amnesia que caracteriza a nuestro tiempo en una era dominada por la inmediatez y el consumo voraz de estímulos pasajeros, el espectáculo ancla su discurso en la necesidad urgente de recordar qué nos hace humanos. Es Clío quien toma el peso de la escena para reconstruir el momento en que la humanidad abrazó el logos como vía de emancipación frente al miedo y la ignorancia: “y entre tantos ciudadanos vi familias y amistad, yo lo vi, susurremos su verdad, demos peso a la realidad».
Así, la musa de la historia no apela únicamente a los grandes acontecimientos que pueblan los libros de texto, sino al testimonio a pie de calle, a la verdad acumulada en las relaciones afectivas y al valor del relato compartido con el objetivo de sugerir la desatención del presente no es un síntoma inofensivo, sino la antesala del sometimiento.
Tras asentar la memoria como cimiento de la condición humana, el espectador se adentra en el espacio ritual del escenario para abordar la saturación, el dolor y la apatía contemporáneos a través de la confrontación dialéctica entre la tragedia y la comedia para reivindicar el teatro como una herramienta de sanación y resistencia colectiva frente al malestar del presente: “el arte como arma, la risa que dispara, el llanto que te sana, el arte como bálsamo”.
Con este despliegue de razones y emociones, ‘Las 9 Musas’ ha sacudido a su público de la apatía y ha cuestionado el futuro de la humanidad para recordar que cuando la memoria se apaga, la retórica se manipula y la tecnología decide por nosotros, el arte y el pensamiento crítico son la última trinchera para no perder la humanidad.
Paloma Palomo