Un visitante en la nueva exposición que el Museo Reina Sofía brinda a la artista guatemalteca Margarita Azurdia

El legado de la guatemalteca Margarita Azurdia inunda el Museo Reina Sofía

Poco conocida fuera de Guatemala, Margarita Azurdia es una figura emblemática, pionera en la escena artística centroamericana, y su legado llega al Museo Reina Sofía y lo llena de color con «Margarita Rita Rica Dinamita», su primera exposición en Europa.

El título de la muestra es también uno de los muchos nombres -como ‘Anastasia Margarita’ o ‘Margot Fanjul’- que la artista adoptó a lo largo de su vida y que marcan las numerosas transformaciones artísticas que experimentó.

«Su trabajo es todo descubrimiento», señaló Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, durante la presentación de la muestra, que abre sus puertas hoy en Madrid hasta abril de 2023. «Casi da vergüenza reconocer que no sabíamos casi nada de ella», añade.

El proyecto del Reina Sofía reúne más de un centenar de obras que resumen el amplio y complejo universo del legado de la artista guatemalteca y su inusitada capacidad de transformación.

Artista multidisciplinar

Margarita Arzudia (1931-1998) trabajó la pintura, la escultura, la escritura -poesías y cuentos-, el dibujo y, al final de su carrera, se dedicó a la ‘performance’ y la danza. Todas ellas están presentes en «Margarita Rita Rica Dinamita».

Espíritu inquieto, lúdico y transgresor de su época, una de las constantes de su carrera fue la preocupación por la naturaleza y su condición de mujer. «Si su trabajo lo hubiera hecho hoy diríamos que se trata de ecofeminismo», según Borja-Villel.

«¿Quién es Margarita Azurdia? Es una pregunta que nos hacemos. Es una artista sobre la que aún quedan muchas preguntas por responder», señala la comisaria de la muestra, Rossina Cazali.

Azurdia llegó al mundo del arte pasados los treinta años y cuando ya era madre de tres hijos. En los primeros años se dedicó a la de pintura informalista, con abundancia de las formas geométricas inspiradas en los textiles indígenas guatemaltecos.

De Guatemala a París

El uso de vivos colores es una constante en su trayectoria. Especialmente en una serie de curiosas esculturas, bautizado como «Homenaje a Guatemala» (1971-1974), que encarga a artesanos locales y que luego ella misma pinta, donde refleja el sincretismo cultural y religioso del país, y que se encuentran entre las piezas más interesantes de la muestra.

La fascinante combinación de estatuas combina figuras zoomorfas, con mujeres vestidas con exóticas máscaras, coloridos atuendos y elementos cargados de significados.

Poco después se traslada a París (1982), donde entra en contacto con el feminismo y la danza contemporánea. Entonces cultiva el dibujo y los libros de artista, que integran una parte sustanciosa de la muestra.

En muchas de estas ilustraciones pueden verse pasajes autobiográficos, sus primeras experiencias con la danza y vistas de París.

Años después vuelve a Guatemala y forma un grupo de danza experimental, bautizado como «Laboratorio de Creatividad». Deja a un lado las artes plásticas y dedica los últimos años de su vida a impartir talleres que vinculaban la danza con la transformación personal, la naturaleza y el medioambiente.

Muchas de las performance que hizo en esa época se desarrollan de manera espontánea en galerías de arte, donde exponían otros artistas. Esta práctica hizo que se la considerara una «persona complicada», pero su legado «es mucho más amplio», defiende Cazali.

«Era una mujer dinamita -dice la comisaria-, yo la conocí a mediados de los 90. Siempre fue una persona joven, una persona con la que se podía hablar, siempre dispuesta a compartir su conocimiento».