MÉRIDA - Los actores de la obra posan tras el pase gráfico del musical "El aroma de Roma", del mago Woody Aragón, celebrado en el Teatro Romano en el marco del Festival de Teatro Clásico de Mérida. EFE/Jero Morales

«El aroma de Roma», un musical original, coralmente divertido y algo gamberro

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No era fácil el reto que afrontaba esta noche el mago y músico Woody Aragón de estrenarse como director de un musical y, para más inri, en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, pero el resultado obtenido con «El aroma de Roma», lejos de tener trucos, es el de un espectáculo coral, divertido y gamberro.

Este salto a la comedia musical no ha sido al vacío, entre otras cosas porque Woody ha sido espectador de innumerables musicales en el propio Broadway, sabe manejar las distancias cortas y se ha rodeado de actrices y actores con mucha experiencia en partituras.

Y otra cosa más, tan importante como las dos anteriores: tiene a dos amigos suyos, de los de toda la vida, al frente de las letras y del libreto, Fernando Lancha y Santiago Lancha, respectivamente.

Humor gamberro

El «saltus» de Aragón hacia el musical le ha salido bien. El espectáculo, original de nacimiento -nada de adaptaciones- y de planteamiento, tiene brío, es vivo en los cambios constantes de escenografía, las 19 canciones incluidas -no todas- son pegadizas y los toques de humor gamberro impregnan el relato.

MÉRIDA - Pase gráfico del musical "El aroma de Roma", del mago Woody Aragón, celebrado en el Teatro Romano en el marco del Festival de Teatro Clásico de Mérida. EFE/Jero Morales
Pase gráfico del musical «El aroma de Roma», del mago Woody Aragón, celebrado en el Teatro Romano en el marco del Festival de Teatro Clásico de Mérida. EFE/Jero Morales

Cayo (Leo Rivera) es un bailarín con mucho talento aunque sin suerte en la vida que, tras ser condenado a muerte por Nerón (Jaime Figueroa) por colarse en una de sus famosas bacanales, consigue salvarse y busca su sueño, que no es otro que formar parte de la compañía más importante de danza del Imperio.

Sin embargo, lo confunden y se confunde y, en vez de entrar a la casa de los «saltator», acaba en la escuela de gladiadores del senador Pisón (Agustín Jiménez), quien, además, conspira contra Nerón con la ayuda de la mujer de éste (Popea Sabina), papel que interpreta Lorena Calero.

Las dos caras de la vida en El aroma de Roma

A través de las canciones y del diálogo, el musical nos enseña las dos caras, visiones y realidades que tiene la vida, ya sea en el Imperio romano o en el día a día de este siglo XXI. «El aroma de esta ciudad va anulando tu voluntad. Ciudad feroz, urbe cruel y atroz», canta Figueroa, quien interpreta a un Nerón al que la ciudad le quema y es sabedor de que el populacho y los senadores se ríen de él. «Los senadores me generan ardores», afirma al compás de la música. Además, y para colmo, está empeñado en ser un cantante «superstar» y hacer una gira.

La otra cara del «denario argemtum» son los esclavos. «Si no eres patricio, es un suplicio», cantan a la vez que bailan. Para los gladiadores, «es un milagro llegar a la vejez».

Woody, autor también de la música de la obra, introduce un amplio registro de estilos musicales, desde el rock, el pop y el cabaret pasando por el reggae y el tango, entre otros estilos, a la vez que los hermanos Lancha reparten pildoritas sueltas que permiten al espectador acordarse de Michael Jackson o de Siniestro Total, entre otras muchas.

Un reparto coral

Estamos ante una sátira, una comedia musical estructurada en dos actos -dura dos horas y media– y que, todo sea dicho, tiene mucha más frescura en el primero.

Se notan las muchas «notas musicales» que acumulan Leo Rivera y Lorena Calero en sus respectivos currículos; Agustín Jiménez y Jaime Figueroa son dos no tan viejos veteranos del humor con el don de caer bien, hacerlo mejor y transmitir aún mejor. A ello se añade «el buen rollo» y la simpática actuación -se han llevado muchos aplausos- de Juan Bey y Javier Canales.

Hasta 14 actores y actrices están en el escenario, un número al que hay que sumar los ocho figurantes. Pueden parecer muchos, pero la coreógrafa Sonia Dorado ha hecho un gran trabajo.

A través del humor, con leones «veganos» que prefieren los puerros y el tofu a la carne de los gladiadores, y de mensajes en defensa de que la diversión no precisa de que haya muertes, los gladiadores se convierten en bailarines y Nerón en un tío majo. «Nada más sano que las artes», se canta desde el escenario. Desde las caveas, aplausos. EFE