«Morgan», la orca sorda que ayudará a pedir un mapa de ruidos submarinos

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La historia de «Morgan», la única orca sorda bajo cuidados humanos en el mundo, ha sido llevada al cortometraje como emblema de una petición científica: medir los ruidos submarinos para conocer el estado de salud de los océanos comenzando por los espacios incluidos en la Red Natura 2000.

«Morgan», que significa «Venida del mar», protagoniza bajo la denominación de «La orca valiente» un corto de animación producido por Loro Parque en el que se narra su historia de superación desde que fue rescatada hace 11 años en el Mar del Norte, desnutrida y sin su grupo familiar, hasta su llegada a las instalaciones homónimas de Tenerife.

Allí se le detectó una deficiencia auditiva severa que, en libertad, le impediría comunicarse con su grupo familiar y cazar, y que en las dependencias de Loro Parque se ha solventado con un sistema de comunicación por luces.

Efectos secundarios de la actividad humana y el ejemplo de Morgan

Ahora «Morgan», que fue madre en 2018, pesa casi 2.000 kilos y ha superado en longitud a dos de sus compañeras del recinto tinerfeño, explica a EFE Javier Almunia, director de Loro Parque Fundación, quien subraya que la idea del corto es además atraer la atención sobre cómo los ruidos submarinos generados por la actividad humana afectan a los animales, y esta orca con déficit auditivo es la ideal para ello.

Entre otros motivos, porque se ha detectado que en los animales que aparecen varados hay cada vez con mayor frecuencia problemas auditivos, lo que se ha constatado sobre todo en delfines.

Ello ha coincidido con el aumento continuo y en algunos lugares, de manera exponencial, de los ruidos submarinos, pero el problema es que hay muy pocos estudios realizados en el mundo, con la excepción de Australia, que tiene registros desde hace 20 años.

Loro Parque Fundación

En Canarias Loro Parque Fundación ha sido pionera con la instalación en 2020 de dos estaciones costeras de medición de ruido submarino en continuo, una en la bahía de Gando en Gran Canaria y la otra en La Restinga en El Hierro.

La información recopilada se presentará en un congreso internacional sobre ruido submarino que organiza la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) y Javier Almunia subraya que habrá datos interesantes por cuanto la primera boya instalada, la de Gando y bautizada precisamente «Morgan», comenzó en operar en abril de 2020, durante el confinamiento, y la de El Hierro lo hizo a finales del mismo año, por lo que se podrá comparar la generación de ruido en función de la evolución del tráfico marítimo.

Y la idea del cortometraje es también llamar la atención a la Comisión Europea (https://www.loroparque-fundacion.org/firma-apoyo-proyectos-lpf/) para que favorezca la implantación de estos sistemas de monitorización de ruido en la Red Natura 2000 como punto «prioritario», pues Javier Almunia recuerda que este aspecto es un indicador de la salud de los océanos y está previsto en la directiva marco de estrategias marinas.

Análisis y monitorización

Es en las reservas marinas donde se puede evaluar el impacto en el sistema y hallar la información más interesante y crítica desde el punto de vista ambiental, precisa el director de Loro Parque Fundación, quien insiste en que este problema es «abordable», pero primero «hay que monitorizarlo, saber lo que ocurre para después controlarlo».

Al respecto indica que se calcula que simplemente el 15 por ciento de la flota mundial genera el 85 por ciento del ruido en el mar, es decir que «con una actuación muy limitada se podría tener un gran impacto» en el medio marino.

Además del tráfico marítimo, el ruido submarino está producido por los sonares activos de barcos de pesca y los más sofisticados de uso militar, que generan una fuente de sonido muy potente.

Elegir emplazamientos menos dañinos

También hay ruidos producidos por las prospecciones geológicas y petrolíferas, sobre todo en el Mar del Norte, a lo que se añade el proceso de cimentación a base de verter escombros en el lecho submarino para instalar generadores de energía eólica marina, que también transmiten vibraciones hasta el fondo del mar cuando giran.

Javier Almunia, que es doctor en Ciencias del Mar por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Máster en Gestión Ambiental por el Instituto de Investigación Ecológica, puntualiza que no se trata de «dejar de hacer» actividades en el mar, sino de elegir emplazamientos menos dañinos o aplicar medidas de mitigación.

Como ejemplo indica que al verter escombros para cimentar los aerogeneradores se pueden efectuar cilindros de burbujas, que actúan como columnas aislantes del sonido y mitigan el impacto sonoro que afecta, especialmente, a los cetáceos.

Además se debe incentivar el uso de barcos eléctricos, que generan menos ruidos, algo que ya ha comenzado en las flotas pesqueras de bajura, al tiempo que la ingeniería trata de diseñar nuevas hélices de propulsión más silenciosas.

La parte optimista es que, frente al problema de la contaminación por plásticos, que podría suponer miles de años para la regeneración de las zonas marinas más afectadas, la acústica se revierte en cuanto cesa su origen: en cuanto se deja de hacer ruido, resume el director de Loro Parque Fundación.